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Sintonizando con la atracción de nuestro mundo interior

La sociedad moderna tiene tanto estrés y prisa, aliviados por interminables distracciones, que un estilo de vida basado en la conciencia parece fuera de lugar. Los retiros de meditación pueden parecer un escape a todo este ajetreo y bullicio, pero cuando llegas a casa, el tirón de la vida cotidiana puede parecer inevitable.

Mírate hoy. ¿Cuánto tiempo y esfuerzo dedicas a los deberes y exigencias del trabajo y la familia? ¿Qué tan cansado te sientes de tanto correr? ¿Cuánto anhelas una distracción que distraiga tu mente de todo? En términos prácticos, esto es lo que la atracción de la “vida real” significa. La mente se llena con el ruido de la actividad constante solo para mantenerse al día con todo. Por sí solas, una sesión de meditación o dos no es suficiente para contrarrestar el alejamiento del silencio interior y la auto-conciencia.

En las tradiciones de sabiduría del mundo, este obstáculo fue plenamente reconocido. Mientras haya existido la mente inquieta, realmente no importa si alguien vivió en la antigua India en la época del Buda o hoy en medio de una ciudad ruidosa. Las tradiciones de los sabios y maestros han ofrecido una solución, que puede llamarse “la atracción del yo”. Cuando te sintonizas con este magnetismo interno, por así decirlo, puedes mantener tu inspiración para crecer y evolucionar durante años, décadas y toda la vida.

La atracción del yo significa re-orientar tu atención de las situaciones externas, pero eso no implica que ignores el mundo exterior o lo resistas. Ignorar es una forma de negación. Resistir fortalece el control de lo que estás tratando de alejar. En cambio, estoy hablando de una nueva relación entre dos mundos, el que está “aquí” y el que está “ahí fuera”.

Pensemos en esta relación como una escala variable, una línea con dos puntos finales.

Atracción del mundo exterior

En un punto final donde la atracción del mundo exterior domina totalmente. La vida tendrá entonces ciertas cualidades inevitables, tales como:

  • Sentirse inseguro y en constantemente alerta para protegerse de la próxima amenaza del exterior.

  • Una sensación de insignificancia frente a las titánicas fuerzas naturales.

  • Presión para protegerse a uno mismo ajustándose a las normas y comportamientos sociales.

  • Una necesidad constante de placeres externos, ya que solo ellos pueden estimular una sensación de disfrute de la vida.

  • Miedo a las enfermedades, el envejecimiento y la muerte.

Dado que nadie realmente existe en este extremo, suena muy alejado de la experiencia diaria y, sin embargo, en algún punto todos nos sentimos abrumados por la inseguridad que proviene de ser muy pequeños en un universo muy grande y vacío.

La atracción del mundo exterior nos induce a poner la realidad física en primer lugar, y la vida se convierte en una lucha por encontrar seguridad y felicidad bajo la amenaza de que todo podría colapsar en cualquier momento. Además de la ansiedad, hay otros sentimientos que enmascaran nuestra inseguridad, como una gran avalancha por la búsqueda de emociones fuertes, la hipnosis del entretenimiento y el deseo de ser exitoso.

Atracción del mundo interior

En este caso es el extremo opuesto, la atracción del yo es total. La vida tendrá entonces cualidades muy diferentes, tales como:

  • Estar centrado y tranquilo por dentro es un estado constante que no puede ser sacudido por circunstancias externas. Esto conduce a una sensación de total seguridad.

  • Nuestra propia conciencia proporciona la alegría y la satisfacción que la vida debe traer.

  • El cambio ya no es una amenaza, porque te ves a ti mismo como el punto inmóvil en un mundo que cambia constantemente. Vives las experiencias sin que ellas alteraren el estado de tu ser.

  • Vives en el eterno ahora, lo que hace que el envejecimiento y la muerte sean irrelevantes: han desaparecido como parte de la ilusión del cambio.

  • Al vivir de nuestra fuente, nuestro verdadero yo, siempre está en contacto con la fuente de creatividad y nuevas posibilidades.

  • No tienes conflictos contigo mismo ni con otras personas, porque la totalidad de la conciencia pura erradica el juego de los opuestos, incluido el juego de la luz contra la oscuridad, el bien contra el mal.

Este extremo puede parecer remoto, pero cualquier experiencia que llame tu atención en esta dirección ha sido causada por la atracción del yo. Si prestas atención, hay muchos momentos en los que te sientes seguro y protegido; la vida se ve hermosa; la mente está tranquila y en calma; te sientes libre de arrepentimientos y preocupaciones; el pasado no trae malos recuerdos; te resulta fácil aceptar y apreciar tu vida y las personas que la rodean; una alegría interior se desborda; o sientes de alguna manera que existe una presencia superior que te envuelve.

Valoramos estas experiencias sin que nos lo digan; son satisfactorias por sí mismas. Ese es el sello distintivo de la atracción del yo (conexión con el mundo interno). Las circunstancias externas ya no importan, y no importa si este sentimiento persiste durante dos días o dos minutos, es atemporal mientras que dure. O para ser más precisos, te deslizas fuera del tiempo hacia otro lugar que simplemente está aquí y ahora.

Si quieres evolucionar, son importantes la meditación y una vida llena de elecciones positivas. Pero la evolución sucederá realmente cuándo prestes atención a la atracción del yo. Los seres humanos no somos robots cuyo cableado se puede cambiar simplemente conectando nuestro cerebro a la meditación, la oración, el pensamiento positivo o la influencia de sabios maestros. No estoy descartando estas cosas, ya que tienen un lugar valioso en las tradiciones de sabiduría del mundo. Pero el contexto de la vida es siempre la atracción del mundo exterior, que es ruidoso e irritable, feliz un día y triste al siguiente, y lleno de dolor y placer en proporciones impredecibles.

La atracción del mundo interno o el yo es silencioso pero verdadero, ajeno al auge y caída de las situaciones cotidianas. Es encontrar el no cambio en medio del cambio que ha sido durante mucho tiempo el sinónimo de la evolución de la conciencia. La atracción del yo, que podemos notar todos los días, es el secreto para hacer del vivir presente nuestra realidad.

Cinco consejos para retomar la conexión con tu mundo interior

1. Detente unos minutos y disfruta de un momento a solas

Tómate al menos cinco minutos diarios para adentrarte en tu propio universo interior. Busca un lugar tranquilo dentro de tu hogar, en el jardín o en el parque para escuchar los sonidos de la naturaleza y cuestionarte:

“¿Qué me estimula en esta existencia? ¿Qué es lo que en realidad nutre mi esencia?” De esta forma, observando nuestros pensamientos sin juzgarlos, llegaremos a un estado de calma que nos ayudará a conectar con nuestro interior.

2. Presta atención a las señales de tu cuerpo

Agradece a tu cuerpo por permitirte cumplir con tantas obligaciones diarias y piensa en qué necesitarías para sentirte mejor.

3. Reconoce tus sentimientos, sin juzgarlos

Tenemos muchas emociones reprimidas que necesitan asimilarse.Intenta reconocer estas emociones, gestionarlas y dejarlas salir.

4. Tómate un momento todos los días para apreciar quién eres y todo lo que haces

Eres un ser humano y no eres perfecto/a, por eso debes apreciar cada paso que des en la dirección correcta.

5. Lleva un diario para registrar este proceso interior

Analiza qué es lo que sucede dentro de tu ser, escucha esa llamada interna que te dice lo que necesitas.

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